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Las referencias americanas alcanzan el primer punto de control del ciclo bajista

A finales de septiembre en el artículo “Síntomas de debilidad en la línea avance descenso: Vuelvo a tomar una postura de cautela” expliqué las razones por las que muy probablemente el mercado iba encaminado a un ciclo bajista. El incremento en los rendimientos de los bonos y la debilidad en la amplitud favorecen una salida en masa de dinero depositado en renta variable, tal y como ya sucedió en el año 2007, 2000 y 1987 entre otros.

Tras un desastroso mes de octubre, la renta variable mundial empezaba a perder soportes clave que confirmaban una potencial estructura de techo mundial, un techo cíclico que el mercado americano por su fortaleza confirmó un poco más tarde, concretamente en diciembre del pasado ejercicio 2018.

Precisamente en el artículo de diciembre titulado “El mercado americano pierde soportes y ya apunta a un nuevo ciclo bajista” comentaba lo siguiente:

Hay que entender que estos techos cíclicos tienen una relevancia económica descomunal y es por ello que, tras la pérdida de grandes soportes, las grandes instituciones económicas del mundo (que suelen centrar sus decisiones en datos fundamentales y por tanto van con retraso) empiezan a darse cuenta de la delicada situación.

Es en ese momento (con cierto retraso como digo por su fijación en indicadores retrasados), cuando los grandes agentes empiezan a buscar la forma de no caer en un entorno que liquide en unos meses cantidades ingentes de dinero que generen un escenario muy adverso para la economía….

….en ese momento será cuando traten de estimular al mercado generando un rebote.

En el poco más de un mes transcurrido desde la publicación de dicho artículo, hemos visto cómo el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell, ha relajado considerablemente su discurso, pasando de una postura totalmente inflexible a otra mucho más flexible, lo que ha propiciado un rebote en las bolsas de Wall Street.

Este rebote es un clásico en los compases iniciales de un ciclo bajista. A mí me gusta llamarlo, cariñosamente, “la última bala de la Reserva Federal”, ya que este factor ha acontecido en los compases iniciales de diferentes ciclos bajistas a lo largo de la historia.

Por ejemplo, a principios de 2008, a medida que el nuevo ciclo bajista tomaba forma, la última bala de la Reserva Federal generó alzas del 15,7% en el S&P 500.

Por su parte, en el año 2001 la última bala de la Reserva Federal generó un rebote del 21,6%.

Como no podía ser de otra forma, al igual que sucedió en el pasado, la Reserva Federal se ha puesto recientemente en su papel, generando un rebote del 15% hasta el momento. No obstante, al igual que sucedió en el pasado, llega un punto en el que la fuerza de la Reserva Federal y las fuerzas del mercado tienden a equilibrarse.

Históricamente, como vimos en los gráficos superiores, las fuerzas tienden a equilibrarse en los entornos del promedio móvil de 30 semanas, una zona a la que precisamente esta semana han llegado las grandes referencias bursátiles estadounidenses como el S&P 500.

También me gustaría detenerme en el caso del Russell 2000, porque, a diferencia del S&P 500 cuyas empresas son multinacionales y sus ingresos están muy diversificados geográficamente (con la correspondiente influencia de la divisa), el Russell 2000, al estar conformado por pequeñas empresas, refleja de forma muy fiel lo que sucede dentro de EEUU. En este caso, esta zona de control coincide con una importante resistencia.

Por lo tanto, tras el mediático impulso alcista de corto plazo generado por la Reserva Federal, hemos llegado a una zona que históricamente ha supuesto un punto de inflexión. Obviamente puede haber dilataciones en el proceso, pero si el rebote fracasa en esta zona, la situación empezaría a parecerse preocupantemente a algunos de los escenarios más negros de la historia de las bolsas de valores.

Además de estos factores puramente técnicos, comentaba esta mañana en mi Twitter personal, que la curva de tipos sigue mostrando un aspecto preocupante.

Ya vimos en diciembre las consecuencias que una inversión en la curva de tipos suele tener a medio plazo en los mercados, este hecho unido al sesgo bajista global, la debilidad en la amplitud de septiembre y el incremento en los rendimientos de los bonos de los últimos años, hace que todo siga apuntando a que el escenario delicado para la renta variable sigue intacto a pesar del rebote generado por la Reserva Federal. Es más, para los inversores más agresivos, esta zona de control en los índices rectores, e incluso europeos, es un buen punto para iniciar estrategias bajistas.

Llegados a este punto, probablemente alguien estará pensando qué debe pasar para dejar de pensar que el rebote que estamos viendo es algo más que un rebote y por tanto anular el escenario bajista. La respuesta ya la he comentado en varias ocasiones en los últimos meses. En el caso de que la línea avance/descenso supere máximos, el método anularía las perspectivas bajistas. Mientras eso no suceda, es importante conocer la naturaleza del entorno en el que nos movemos tal y como expliqué en el artículo “Hablemos un poco de tendencias, ruido y emociones”.

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Descargo de responsabilidad por conflicto de interés: El autor de este 
análisis está o puede estar invertido en los subyacentes e instrumentos 
mencionados a través del compartimento del fondo de inversión 
GPM Gestión Activa / GPM International Capital 
del que es gestor en GPM S.V. S.A.
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